20-06-2012
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La generación del mandarín
Maite Gutiérrez, periodista
Publicat el 10 de juny de 2012 al suplement “Magazine” del diari “La Vanguardia”
(…) Niños que aprenden chino. No es aún un fenómeno generalizado como el del inglés, pero el estudio del mandarín en edad escolar aumenta junto a la influencia del país asiático. El chino es el idioma con más hablantes nativos del mundo. El mandarín, basado en el habla de Pekín, tiene el estatus de lengua oficial o estándar, y lo estudian todos los habitantes del país. Las diferencias entre variedades lingüísticas en China son tan grandes que hablantes de diferentes regiones pueden no entenderse. “Todo el mundo entiende el mandarín, pero no todos entienden los otros dialectos”, dice Ruonan Wu. Dentro del idioma chino, el mandarín es el habla materna de 850 millones de personas, mientras que la variedad de Shanghai (wu) lo es de 80 millones, y el cantonés (yue), de 70. Todos estos hablantes pertenecen a la etnia han. Luego están las lenguas de las minorías étnicas, que no se consideran chino, como el túrquico de los uigur (siete millones de hablantes), el mongol (cuatro millones) o el tai de los zhuang (15 millones).
(…) “El fenómeno del chino en la escuela comenzó hace unos 10 años en centros de élite, privados y caros, que lo introdujeron como asignatura optativa o extraescolar, pero poco a poco se ha extendido a algunas escuelas concertadas, y las academias de idiomas cada vez tienen más demanda”, señala Joaquín Beltrán, director de la Fundación Instituto Confucio en Barcelona. La mayoría de los cursos para niños que ofrece esta fundación se dan en la sede de Casa Asia. Al principio, acogían sobre todo a niñas adoptadas en China, cuyos padres españoles querían que mantuviesen el vínculo con la cultura de origen. Ahora la situación ha cambiado. Son mayoría los niños nacidos en España.
(…) Después de todo un día delante de los libros, ocho estudiantes de ESO del centro concertado La Salle-Bonanova, en Barcelona, vuelven a un aula para encontrarse con Juan Lin, su profesora de mandarín. Este centro educativo ofrece por primer año una actividad extraescolar de lengua y cultura china en primaria y secundaria “para dar respuesta al interés creciente por el país asiático y ampliar las opciones de los alumnos”, señala Nin Navarro, responsable de lenguas extranjeras en la escuela. “El chino no es más difícil que cualquier otro idioma, cuando empiezas algo de cero siempre cuesta, es normal”, dice tranquila Mònica Valls, estudiante de 3.º de ESO. El resto de sus compañeros asiente. Lo del miedo a estudiar chino debe de ser cosa de mayores. “Hablar no es tan complicado, los caracteres sí, pero son muy divertidos, parecen dibujos”, tercia Ramón Fernández, otro alumno.
Por más largo que sea un viaje, siempre se empieza dando el primer paso (“Cháng zheng ye you mài de dì yi bù”). Este proverbio chino parece ser el lema de estos estudiantes. Ruth González, de 14 años, comenzó su particular travesía por el mandarín cuando tenía nueve. Al principio, sus compañeras de clase eran niñas adoptadas en China, ahora comparte clase en Casa Asia con adultos, todos españoles.
“Ya tengo más confianza con el idioma, y mi próximo objetivo es viajar a China para participar en un curso de verano allí”, comenta antes de empezar su clase. Muchos niños comienzan aprendiendo la lengua y luego se interesan por conocer la cultura del país in situ, dicen los profesores. Mientras, en La Salle-Bonanova toca repasar el vocabulario que han aprendido durante el último trimestre. La profesora les pregunta los números, nombres de oficios… Alicia González, estudiante de 1.º de ESO, va escribiendo en la pizarra. “Muy bien, chicos”, les anima la profesora. “Este año han aprendido mucho vocabulario, y el curso que viene trabajaremos más la estructura de la frase y los diálogos”, indica en un castellano casi perfecto (lleva aquí cuatro años). Juan Lin estudió Educación en su país y luego se especializó en la enseñanza de chino para extranjeros. En Barcelona, trabaja para el Instituto de Cultura China, que dirige Xing Bo. “Juan Lin, di la verdad por favor, ¿aprender chino es tan difícil como parece?”. La profesora sonríe.
“La parte oral no es complicada, siempre empezamos por ahí. El chino tiene una estructura sencilla, carece de tiempos verbales, de masculino o femenino, de singular o plural, los nombres suelen ser cortos, pero hay que dar la entonación adecuada”, responde. “Ahora bien, aprender los caracteres cuesta más, no queda otro remedio que memorizarlos, y tenemos miles, por eso primero enseñamos los más sencillos, con pocos trazos, como el que significa persona”, añade. Los chinos también pueden usar el sistema pinyin, mediante el que escriben con el sistema vocálico de Occidente –las frases en mandarín que se reproducen en este artículo, por ejemplo, están en pinyin, aunque sin todas las tildes–.
“Yo el otro día fui a comer a un restaurante chino y les pedí sopa en mandarín”, cuenta divertido Xavi Pareras, otro de los alumnos de Juan Lin. “Luego el camarero continuó hablándome en castellano”, se lamenta. ¿Por qué estudian chino estos jóvenes? Todos dan las mismas respuestas:“porque es interesante”, “porque es el idioma del futuro”, “porque China es un país enorme lleno de nuevas oportunidades” o, se ríen, “porque para hablarlo bien se necesita mucho tiempo y mejor empezar a aprenderlo cuanto antes”. (…)